martes, 19 de diciembre de 2017

LIBRO MEME COLOM, LÍDER DE LÍDERES, OBSEQUIO NAVIDEÑO.










































Gracias a la gentileza y compromiso histórico de la revista gAZeta, dirigida por Jaime Barrios Carrillo y Virgilio Álvarez, hoy es posible rescatar el libro "Meme Colom, Líder de Líderes", el cual publiqué en el año 2009 pero al agotarse la edición se ha convertido en una especie en extinción. Aprovechando que se encuentra en la biblioteca digital "Adrián Inés Chávez", primoroso espacio virtual de gAZeta, me es posible brindarles un presente navideño y para obtenerlo basta descargarlo del link siguiente.

¡Muy Feliz Navidad y hasta el año que viene! 

Descargue aquí el libro "Meme Colom, Líder de Líderes".

sábado, 16 de diciembre de 2017

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, SEÑOR BEETHOVEN!


Por: Edgar Rosales


Hoy me urge -ojalá tanto como a usted- desligarme de la realidad cotidiana. De los problemas de esta sociedad y encarrilarme, siquiera levemente, en ese tren del Adviento que inspira sentimientos positivos e iluminados. Quizá por ello recordé que hoy se cumplen 247 años de su advenimiento en la ciudad de Bonn, Alemania. Era el 17 de diciembre de 1770 y, de acuerdo con la tradición, las aguas bautismales debían caer sobre la cabecita del recién llegado, un día después de su venida al mundo.

Nadie entre los asistentes imaginaba -como suele ocurrir- que un día el orbe se habría de rendir a los pies de aquel bebé, reconociéndole como el más grande genio de la música que ha existido en este planeta. «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, yo te bautizo como Ludwig Van Beethoven», habrán sido las solemnes palabras del sacerdote (expresadas en latín, por supuesto, que era lo usual).

Pero no es mi propósito presentar aquí una biografía del genio, tarea imposible como improductiva para un profano, además de que dicha labor está cubierta de manera muy efectiva por la santa Wikipedia. Me quedo en un pequeño homenaje limitado a la admiración personal hacia la que considero su obra monumental: la Novena sinfonía de Beethoven, también conocida como Sinfonía con coros finales sobre la Oda a la Alegría de Schiller; Sinfonía N°. 9, opus 125, en Re menor o simplemente, Sinfonía coral.



Aún sin las calidades de un experto musicólogo, fácil se cae en la cuenta de que esta no es una sinfonía común y corriente (bueno, ninguna lo es). Es decir, no es una mera serie de notas musicales acomodadas de manera agradable y erudita. Se trata de un magno acontecimiento, de una novela épica; una historia extrema. Según expertos, es un trabajo con múltiples concepciones, que además de lo musical, tiene matices psicológicos, filosóficos, poéticos y espirituales. Sin lugar a dudas, la Novena sinfonía de Beethoven es la obra musical más portentosa jamás escrita en la historia de la humanidad.

Solo en la mente de un genio de su talla podía concebirse un monumento sonoro de tal magnitud. A él -y solamente a él- se le había ocurrido romper la tradición sinfónica de la forma sonata de cuatro movimientos y en su Sexta sinfonía (Pastoral), incluyó cinco. Y aunque se afirme que, en rigor, esta no es una sinfonía desde el punto de vista musicológico, el mero hecho de romper con lo usual para mejorarlo, nulifica cualquier censura.

Igualmente, solo a él se le podía ocurrir una sinfonía con una parte coral. Profundo admirador de Friedrich von Schiller, al leer su Oda a la Alegría algo tocó esas fibras geniales que lo animaron a incluirlo en la fastuosa sinfonía que había empezado a escribir en 1794, aunque no se estrenó sino hasta 20 años después, en 1824, después de desechar más de 200 versiones.



Foto: Discos de Beethoven de la colección privada del autor. Foto de Nade Rosales.

En esencia, lo que inspiraba a Beethoven al escribir esta obra era un relato complejo: la liberación de la humanidad, retratando las diversas rémoras que se imponen en el camino. Así, el primer movimiento representa el destino cruel al que está condenada la raza humana. De ahi su ritmo pausado -allegro ma non troppo, un poco maestoso- y su tono melancólico. El segundo movimiento -scherzo, molto vivace- es el intento de rebelión ante ese destino de sufrimiento. Es una reacción enfurecida hacia la divinidad. Probablemente revela el dolor interno que agobiaba al genio, a causa de la durísima vida que llevó desde la infancia.

El tercer movimiento -adagio molto e cantabile- vuelve al tono apagado. Obviamente no fue suficiente el acto de rebeldía recogido en el movimiento anterior, y la humanidad, impotente, busca refugio en un poder supremo; en la promesa de una vida eterna después de la vida. Es decir, lo religioso por sí solo no libera la angustia de la humanidad, a juzgar por el tono sentimental y lánguido del movimiento.

La introducción al cuarto movimiento -presto- luce como una continuación del pesimismo anterior, hasta que es destrozado por la irrupción abrupta y vigorosa del barítono: O Freunde, nicht diese Töne! Sondern laßt uns angenehmere anstimmen, und freudenvollere. Freude! Freude! («Oh amigos. Ya no más esta música. Cantemos canciones más agradables y plenas de alegría. ¡Alegría! ¡Alegría!»), frase escrita por el propio Beethoven, antes de dar paso al texto de Schiller.

¿Por qué «ya no más esta música»? Obviamente, no hay alegría en los movimientos anteriores y, acorde con la naturaleza humana, esta necesita rebelarse contra su tragedia y sustituirla por sentimientos elevados: la fraternidad y la hermandad recogidas por Schiller en su poema y que Beethoven anhela que un día surjan para llenar con alegría -hija de Eliseo- y dar lugar a la festividad más hermosa de la que haya sido testigo el Universo. Los hombres, saturados por el fuego prometéico, se rinden abrumados por la felicidad, ante un Dios que les devuelve el espíritu de la amistad en lugar de la resignación del súbdito. Es el encuentro con el Dios de los hombres libres.

Beethoven estrenó su Novena sinfonía a sala llena, aunque jamás pudo escucharla. Nadie quería perderse el estreno de lo que se presumía sería la última aparición del genio, debido a los rumores de una severa merma en su salud. Para entonces había perdido totalmente el sentido de la audición, pero aún así siguió la conducción en una copia de la partitura, imaginando lo que todos escuchaban fascinados. Es verídico que siguió dirigiendo aun después de que ya había concluido la presentación, hasta que alguien lo tomó del brazo y lo colocó frente al escenario para que pudiese ver los gestos de júbilo con que el público le premiaba.

En lo personal, he perdido la noción de cuántas veces la he escuchado, pero sí recuerdo que desde mi primer encuentro me enamoré irremisiblemente de ella. Y desde entonces no he parado de escucharla, cada vez con renovados bríos, con novedosos descubrimientos e inéditas emociones; tanto que me llevan hasta las lágrimas: lágrimas que tonifican el alma.

Y cuando uno ha tenido en vida la dicha de conocer maravillas como esta, no puede sino continuar escuchándola hasta el día en que la muerte nos separe, como si se tratara de la persona amada. Aún así, ese día saldrá derrotada la parca, porque su visita inexorable abrirá la esperanza de oírla nuevamente, ahora en inimaginables dimensiones y sintiendo emociones jamás conocidas en la Tierra. Incluso, entonces tal vez le busque cada 16 de diciembre para decirle, con rendido agradecimiento: ¡Infinitas gracias por esa Novena... y feliz cumpleaños, señor Beethoven!

PS. Para quienes aún no han escuchado la Novena Sinfonía de Beethoven los invito a hacerlo en los siguientes links:

Primer Movimiento


Segundo Movimiento


Tercer Movimiento


Cuarto Movimiento


Impresionante: Coro de 10 mil voces interpreta el Cuarto Movimiento



lunes, 11 de diciembre de 2017

NOSOTROS, LA ESENCIA DE LA CORRUPCIÓN

Fotografía tomada de Cuaderno de cultura científica.

Por: Edgar Rosales
El sábado pasado, 9 de diciembre, se conmemoró el Día Internacional contra la Corrupción, uno de esos tantos días conmemorativos que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha instituido para hacer conciencia acerca de determinados problemas sociales, económicos, políticos o culturales, cuya eficacia resulta un poco dudosa, porque solo en escasas oportunidades se logran resultados reales por medio de esas efemérides.
Y si no, veamos que el día mencionado fue instituido en el 2003, pero desde entonces ningún medio de comunicación se pronunció jamás al respecto. Sin embargo, ahora que la lucha contra la corrupción es un tema cuya moda se remonta a abril de 2015, fueron abundantes las opiniones o artículos en los cuales sus autores se desgarraron las vestiduras despotricando contra los corruptos. ¡Cómo si muchos de ellos estuviesen libres de todo mal!
En efecto, la mayoría de opinadores coinciden en denunciar a los políticos como el summum de la corrupción en el país. Omiten mencionar, por supuesto, que gracias a la coyunda que algún día existió entre Prensa Libre y el Gobierno de Óscar Berger, dicha empresa periodística se benefició con la exorbitante suma de Q 1 200 millones por concepto de impresión de textos escolares, sin llenar requisitos legales para obtener semejante privilegio. Obviamente, tampoco mencionan que esta escandalosa operación se repitió con el Partido Patriota y, recientemente, con el Gobierno de turno.
Según la ONU, cada año se paga un billón de dólares en sobornos y se calcula que se roban 2.6 billones de dólares anuales mediante la corrupción, suma que equivale a más del 5 % del producto interior bruto mundial. Se calcula, además, que en los países en desarrollo se pierde, debido a la corrupción, una cantidad de dinero diez veces mayor que la dedicada a la asistencia oficial para el desarrollo.

    ASUNTO ENTRE DOS. Un error común, es creer o afirmar que sólo los políticos o los funcionarios son responsables de la corrupción. Sin un proveedor y un facilitador, el acto corrupto sería imposible. (Foto tomada de VTACTUAL)
Pero también se ha dicho hasta la saciedad que para la consumación de un acto corrupto -como todo un tango arrabalero- se necesitan dos: empresarios y funcionarios. Y no se crea que solamente los políticos que han llegado a desempeñar altos cargos son los responsables de que tales hechos se cometan. La corrupción, si bien proviene del mal ejemplo de los altos mandos, también involucra a cuadros intermedios, oficiales, secretarias, etcétera.
Pero si de ser radicales se trata, debemos mencionar que la raíz de la corrupción se debe buscar mucho antes de que alguien llegue a ocupar un cargo público. Y esto no es nada nuevo, pero es increíblemente válido: es en el seno del hogar, en nuestra formación escolar y en nuestras relaciones sociales donde subyacen las causas para que una persona más tarde llegue a ser corrupta… o a no serlo.
Todos conocemos, ya sea por propia experiencia o por la de terceros, acerca de ese pago que nos libra de la multa que nos habría impuesto el agente policial, o por el trámite que nos evita largas horas de cola. O por la certificación de estudios que no hemos aprobado. O, en el caso de comerciantes informales, por obtener un puesto en el mercado que, en condiciones normales, habría demorado años tener acceso al mismo.
Corrupción de pequeña escala, si se quiere, pero corrupción que crece y se arraiga. En adelante, vendrán muchos más sobornos a los policías y sabremos que “por unos lenes más” nos pueden extender esa certificación que nos urge. Es decir, desde antes de llegar a ocupar un puesto público podemos adquirir el expertise necesario para aplicarlo a la hora de extender una cotización, de agilizar una orden de compra y pago o de autorizar una amañada licitación.
Esas conductas aberrantes, repetidas por cientos de funcionarios, llegan a formar todo un sistema de corrupción que, tal como vimos en 2015, no escapa a los más altos jerarcas de una estructura que, como en el caso de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, abdicaron a todo principio moral alrededor de su mandato, para convertir a su administración en una megamafia integrada por cientos de clicas.

                              PARADIGMA. Los ex mandatarios Roxana Baldetti (vicepresidenta) 
                                    y Otto  Pérez (presidente) hicieron de su administración el más vergonzoso 
                                    modelo de corrupción jamás visto en Guatemala. 
Afortunadamente, en mi experiencia de vida he conocido personajes que, después de recorrer toda la escala administrativa llegaron al más alto cargo haciendo gala de una carrera absolutamente impoluta. Cito el caso del ingeniero Luis Hugo Solares (q. e. p. d. p.), quien ingresó muy joven a Caminos y llegó a ser ministro en dos administraciones, además de gerente de Empagua y nunca, léase bien: nunca, en alguna de sus gestiones fue objeto de señalamientos de corrupción. Sin lugar a la menor duda, ha sido el único ministro de Comunicaciónes que ha salido pobre después de ocupar el cargo. Antes bien, en sus últimos años tuvo que ejercer cargos menores con tal de “ajustar” el tiempo de servicio que le permitiera conquistar una jubilación. ¡Todo un fuera de serie!
Al igual que todo guatemalteco bien nacido, yo también apoyo la lucha contra la corrupción. Sin embargo, el combate de este flagelo no puede quedar únicamente en la persecución penal que han emprendido el MP y la Cicig. Mientras no se ataque a la esencia, el germen de la corrupción, ese que vive en el corazón del ser humano, el problema no se va a erradicar jamás.
Sobran ejemplos de personas que condenan la corrupción mientras están en la llanura; lejos de las tentaciones del poder público o de la posibilidad de urdir negocios con el Estado desde el cargo que ocupan en una empresa. Sin embargo, una vez alcanzada la posición que les permite enriquecerse fácilmente, sin el menor rubor pasan a engrosar esa enorme fila de corruptos que reproducen el sistema. Lamentablemente, así somos. La esencia de la corrupción la llevamos con nosotros, como lo señaló Iván Velásquez en alguna ocasión.
Por tanto, la utilidad que deberían tener estos “Días de la ONU” es la de ayudarnos a reflexionar, a ver el problema desde su correcta dimensión. Trabajemos contra la corrupción formando esos sólidos principios desde ahora. De nosotros, y de nadie más, depende que ese niño que tanto amamos los adquiera. En el alma de esa criatura inocente descansa la posibilidad de inculcarle la posibilidad de que mañana no llegue a ser otra maldición para su país. Para líneas y cooptaciones ya tuvimos de sobra. 


viernes, 8 de diciembre de 2017

LEGADO DE UN CONGRESO EN CAÍDA LIBRE

   (Fotografía de Publinews).

Por : Edgar Rosales 

Publicado también en Revista gAZeta
Está por culminar un año más, y al evaluar algunos acontecimientos que más tarde serán parte de la historia política de este país, uno encuentra demasiadas razones para el desconsuelo y muy pocas para el optimismo.
Una de las causas de este escenario radica en la conducta manifestada por el Congreso de la República. Son abrumadores los criterios descalificadores hacia una institución que ha ganado fama copa a copa -como aquel popular licor- arrastrando su imagen en caída libre. Claro, es injusto generalizar. Es posible que, así como aquel ángel esperaba hallar 10 justos en Sodoma y Gomorra, también los haya en el palacio de la 9a. avenida. Lamentablemente, el simplismo de nuestra prensa mediocre ha contribuido a generalizar la idea de que “diputado” es sinónimo de lo oscuro, corrupto, anodino y mañoso.
Ante todo, el 2017 pasará a la historia porque en el Legislativo se vino al suelo mucho de lo avanzado en materia de transparencia. Óscar Chinchilla, el gris presidente de turno, llegó con la consigna de desarmar la ruta trazada por Mario Taracena en dicha materia y actuar como servidor incondicional de intereses de grupos muy, muy oscuros. Por ello, las reformas constitucionales se congelaron y solo queda pensar que están condenadas a la sepultura definitiva.

    RUTA INTERRUMPIDA. Pese a algunos escándalos ocurridos durante la gestión de Mario Taracena al frente del Congreso, lo suyo fue  mucho mejor que el anodinazgo de Chinchilla. (Foto de EDG Noticias).
Luego, en septiembre ocurrió el más deleznable acto de la historia legislativa, cuando 112 diputados de todas las bancadas se alinearon para aprobar una vergonzosa reforma al Código Penal, cuya gracia consistía en exonerar los delitos cometidos por criminales de toda laya, incluyendo -entre otro montón- a los exmandatarios conocidos como jefes 1 y 2 de la mafiosa red conocida como La Línea. A partir de ese acto demencial, la población perdió toda confianza en los congresistas y recobrarla no es algo que se logre con meras declaraciones de buena intención o tardías aceptaciones de exigencias populares.
Esa nefasta acción vino a confirmar el pernicioso alineamiento existente entre Gobierno central y Organismo Legislativo; hecho que deterioró la calidad misma de este último, al renunciar de hecho a su rol en el equilibrio de poderes y, a cambio, prestarse a jugar el abyecto papel de salvavidas del jefe del Ejecutivo, al menos en dos vergonzosas ocasiones.
Y pese a que el cómico metido a presidente quiso lucir como un gran componedor político cuando amarró el presupuesto 2018 con la elección de la Junta Directiva del Congreso, al final se quedó sin nada en dos platos. Y todo porque ninguno de sus operadores reúne condiciones de idoneidad, liderazgo, cintura política de primera y de la necesaria “sangre dulce” para ser vistos sin recelo.

CABILDEO DE IMPRESENTABLES. El diputado Francisco Tambríz aprendió que en política, del plato a la boca, se cae la sopa. (Foto de Prensa Libre).
El hecho que se mantenga el mismo presupuesto del 2017 es una buena noticia. En un gobierno donde el propio mandamás admite que sus funcionarios tienen temor de ejecutar recursos, lo cual se confirma con la magra ejecución registrada, era impensable extenderle un nuevo cheque en blanco. Se sacrifican inversiones programadas (aunque inciertas), pero se reduce el riesgo de más endeudamiento público que, con suerte, iba a terminar cubriendo gastos de funcionamiento.
Otra buena noticia es que se cierran importantes resquicios donde el oficialismo esperaba usar políticamente los recursos a su disposición, puesto que el próximo es un año preelectoral y, de paso, el último periodo del que dispone Jimmy Morales para justificar su llegada a la Presidencia. El presupuesto 2018, así como fue presentado, era un ahora o nunca para FCN-Nación… y, gracias a Dios, fue un nunca.
Pero los problemas para el oficialismo no quedan en ello. El 2018 también es la última oportunidad que tienen varios de sus diputados -los importados de PP y Líder- para afianzar posiciones dentro del partido que les abrió las puertas. Casi seguro, entonces, que veremos a Estuardo Galdámez, Patricia Sandoval y Manuel Giordano siguiendo a Javier Hernández en los primeros puestos del Listado Nacional.
Y si no logran su propósito, FCN-Nación deberá prepararse para sufrir el rompimiento paulatino con el Ejecutivo y una monumental desbandada de sus congresistas, sabiendo que esos oportunistas que engrosaron sus filas en 2016, no tendrán el menor empacho en subirse al barco que esté dispuesto a tolerarles abordo, con todo y su costal de mañas.
Pero el peor legado del Congreso será la imposibilidad de que las reformas a la LEPP puedan operarse en las elecciones de 2019. No todo, que conste, es culpa de “los diputados” como afirman algunos observadores. Mucho tendrá que ver el compromiso que la Corte de Constitucionalidad (CC) pueda asumir hacia este tema.
¿Por qué? Como sabemos, la LEPP tiene rango constitucional. No se puede, por tanto, aprobar el Decreto como cualquier otra normativa y al día siguiente cobrar vigencia. Es indispensable (porque así lo manda la Carta Magna) que antes vaya a consulta ante tan augustos magistrados, para que emitan su opinión final y, entonces sí, pueda conocerlo el pleno y aprobarlas.
Sin embargo, cuando se emitieron las reformas de 2016, la CC se tardó la friolera de ocho meses para el dictamen. En un escenario optimista, se resuelven en seis meses máximo, significa que el Congreso las estaría conociendo alrededor de junio del año entrante. Además, la Corte tendría que dictaminar acerca de los distritos pequeños, tema que debe ser objeto de una reforma constitucional por parte del Legislativo, pero la decisión final se depositaría en una Consulta Popular, a convocarse quién sabe cuándo.
Todo lo anterior, bajo el entendido de que el 1 de enero de 2019 el Tribunal Supremo Electoral debe convocar a elecciones, sí o sí, con las reglas vigentes para esa fecha. Con pequeños distritos o sin ellos. Con voto uninominal o sin este. Con paridad o sin ella. La pregunta es: ¿tienen probabilidades reales los partidos que aún no terminan su proceso de inscripción? ¿Y los ciudadanos que desean postularse independientemente?
Por estas, y muchas otras razones, el Congreso y el Gobierno harán que el 2018 sea difícil, complicado, cimarrón y cuesta arriba. ¿Está usted listo para transitarlo? Sería bueno empezar a prepararse. 


lunes, 4 de diciembre de 2017

DEFINITIVO NO AL FRAUDE EN HONDURAS (ESO YA LO VIVIMOS AQUÍ)



Por: Edgar Rosales


A medida que avanzaba la noche del domingo 26 de noviembre y se filtraban los primeros resultados de las votaciones celebradas ese día en Honduras, también empezaron a acrecentarse el temor y la incertidumbre. Y es que, antes de la medianoche, el rumor acerca de la posibilidad de consumar un escandaloso fraude electoral había crecido con gran intensidad.

Contrario a lo que ocurre en la mayoría de países que actualmente celebran eventos electorales, el conteo en Honduras se hizo exasperante, lento y cada vez menos confiable, al grado de que casi una semana después aún no se había dado a conocer la estadística final y el fraude parecía un hecho consumado.

Y a medida que se desarrollaban los acontecimientos, muchos caímos en la cuenta de que algo de eso que ocurría ya lo habíamos vivido en Guatemala algunas décadas atrás: interrupción de conteo, datos congelados, proclamación simultánea de dos triunfadores, desaparición de papeletas, alteración de actas y, en resumen, abundantes y sólidas denuncias que daban crédito a una escandalosa estafa electoral.

De golpe retrocedimos a los años 70, cuando el Estado guatemalteco transgredió el último recurso del cual disponía para asegurar su legitimidad: los procesos electorales limpios, diseñados -según la teoría clásica- para asegurar la esencia de un Estado respetuoso de su propio régimen de legalidad. (Ese mismo Estado delincuente que muchos militares se refocilan con torpeza al decir que lo salieron a defender de “criminales”, cuando el primero en transgredir su sistema legal había sido el propio Estado).

Al revivir aquel 1974, cuando aún no ejercía el derecho de votar, vino a mi mente que en esa ocasión -al igual que ahora en Honduras- se había generado una enorme esperanza popular hacia el Frente Nacional de Oposición, integrado por el partido Democracia Cristiana y los comités propartido Frente Unido Revolucionario Democrático (FURD) y Partido Revolucionario Auténtico (PRA), los cuales lograron articular un proyecto democrático alrededor de sus candidatos presidencial y vicepresidencial, Efraín Ríos Montt y Alberto Fuentes Mohr, respectivamente, y el apoyo fundamental del entonces alcalde municipal, el carismático Manuel Colom Argueta.

                             
                         FRAUDE MONUMENTAL. En 1974 el Gral. Ríos Montt logró unificar a grandes masas                                    de la población, gracias al apoyo que le brindaron los partidos que formaban el Frente                                  Nacional de Oposición. 

Ahora bien, una diferencia importante respecto de Honduras es que los números que dieron ganador a Ríos Montt respecto del candidato oficial, Kjell Laugerud, hacían una diferencia kilométrica. Se ha estimado en 54 % (que le daban victoria absoluta) versus 30 % del segundo lugar. En el caso hondureño son algunos puntos los que separan al presidente Juan Orlando Hernández del segundo lugar, ocupado por Salvador Nasralla. En uno y otro caso se demuestra que las cifras obtenidas no son obstáculo para propiciar maniobras fraudulentas, cuando se busca a toda costa beneficiar a determinado candidato.

Y al igual que lo hacen hoy los catrachos, la población chapina indignada ante el pisoteo a su voluntad se lanzó a protestar en las calles en contra del descarado fraude, protagonizando disturbios que se prolongaron por varias semanas. La represión gubernamental no se hizo esperar y causó víctimas entre los manifestantes, tal el caso de un sindicalista acribillado a pocos metros de la Municipalidad capitalina y el asesinato del periodista Mario Monterroso Armas, como resultado de su activa y férrea oposición a la dictadura y a la burla de la voluntad popular.

Al momento de escribir este artículo, se reportan brotes cada vez más intensos de descontento en la hermana república hondureña, con los consiguientes actos represivos por parte de las fuerzas armadas. Para colmo, la actitud de la comunidad internacional y en particular, de Washington y la OEA, no ha contribuido mayor cosa a crear un clima de paz; al contrario, su exhortativa a que los candidatos acepten los resultados, en lugar de aclarar las denuncias de fraude, solo han avivado los actos de protesta e incendidado la indignación del pueblo.

    PROTESTA Y CAOS. La cada vez más fuerte percepción de haber ocurrido un fraude un favor del              presidente Hernández, ha desatado en Honduras todo tipo de protestas; incluso, manifestaciones de        tipo vandálico.

Al final, la solución al fraude del 74 no fue resultado de la presión popular. Esta sólo sirvió para confirmar el repudio que el régimen de turno (encabezado por el general Carlos Arana Osorio (el Chacal de Oriente) causaba entre la población. Fue resuelto mediante un pacto palaciego suscrito entre el presidente y el candidato del Frente Nacional de Oposición, Efraín Ríos Montt, quien partió hacia España -cuando las manifestaciones públicas estaban en la fase más álgida- en calidad de Agregado Militar.

Esta actitud cobarde e irrespetuosa hacia las expresiones populares, obviamente acabaron con las protestas pero a partir de entonces el país se abriría a una nueva etapa de enfrentamiento, toda vez que el fraude había demostrado que se agotaban las opciones de la democracia. Apenas un año después, resurgía con enorme vigor el movimiento guerrillero, ahora abanderado por el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP).

En el caso guatemalteco, cabe señalar que los fraudes electorales se repitieron en 1978 y 1982, como producto del autoritarismo militar y el control que el Ejecutivo ejercía sobre la actividad política y las autoridades electorales, entonces delegadas en el Registro Electoral. En cuanto a la oposición democrática, esta se encontraba más preocupada en preservar la vida de sus dirigentes que en promover la exigencia de avances democráticos.

Fue hasta 1984 cuando Guatemala inició un proceso democratizador, que a la fecha no evoluciona ni concluye. Y que no satisface porque, lejos de fortalecer la praxis democrática, ha sido una puerta para el acceso, no de políticos verdaderos, sino de mafias y corruptos al poder. Pero eso no enturbia el logro de haberse sacudido el vicio que enturbiaba los procesos políticos. Quiérase o no, desde que se eligió la Asamblea Nacional Constituyente todos los eventos electorales han sido transparentes y legales. Sin duda con errores, pero lejos de la sombra de las manipulaciones de antaño.

Por ello, es vital el rechazo al fraude electoral en Honduras. Es un principio elemental que debe expresar toda persona con vocación demócrata, independientemente de su posición ideológica específica. Aunque los resultados finales del Tribunal Supremo Electoral hondureño dan como ganador a Hernández, todavía falta ver si la población acepta este resultado o si, tal como ha estado ocurriendo en los últimos dos días, se agudizan las expresiones de protesta y el país vecino se precipita a una crisis más grave aún, la cual ya alcanza dimensiones de problema humanitario por la cauda de muertos, heridos, encarcelados y desaparecidos que se reporta preliminarmente.



En todo caso, ojalá los hondureños no se queden estáticos frente a los resultados. La gran lección que deja este evento fraudulento es que no pueden dejar de corregir las anomalías políticas materializada el 26 de noviembre, antes de que se arraigue en su sistema como práctica insufrible. Y, por supuesto, también es una lección para democracias endebles como la guatemalteca, la cual está urgida de renovar sus métodos de participación o, de lo contrario, puede producirse un retroceso a los tristes episodios de épocas pasadas.


En las manos de la Casa Blanca está la gran disyuntiva: o contribuye a aclarar el panorama en Honduras -respetando las decisiones que competen a los catrachos- o estimula la clausura de la opción democrática en Latinoamérica, con el riesgo de que en su lugar pueda resurgir, ¿por qué no?, una alternativa dictatorial que nos lleve de retroceso, más o menos como ocurría en esos años 70 que, hasta ahora, se creen olvidados.  

viernes, 1 de diciembre de 2017

CUANDO EL PODER EMBRUTECE ABSOLUTAMENTE


Publicada originalmente en revista gAZeta
-Edgar Rosales / DEMOCRACIA VERTEBRAL
Ydígoras Fuentes, Lucas García, Óscar Berger… tres mandatarios que, no obstante haber ejercido el poder en épocas muy diversas de nuestra historia, acusan rasgos comunes en su estilo de liderazgo y personalidad: bonachones pero autoritarios, ignorantes de asuntos de Estado, irrelevantes en ejecutorias de beneficio general y, ante todo, con un escaso dominio del sentido común.
Y parece que el presidente de turno, Jimmy Morales se empeña en hacer méritos descomunales para incorporarse a dicho pelotón. Y es que, al igual que aquellos, lanza cada dislate cada vez que tiene oportunidad, lo cual conduce a cuestionarnos si continúa tan ignorante en temas de gestión pública como lo estaba el 14 de enero de 2016, o si esto ya es un problema de tipo psicobiológico de difícil solución.
Da la impresión que al presidente Morales le ha ocurrido algo parecido a aquello que decía lord Acton en cuanto a que “El poder tiende a corromper y el poder absoluto, corrompe absolutamente”, solo que en su caso tiene un sentido más alarmante: el poder absoluto lo ha embrutecido absolutamente.
En efecto, los acontecimientos de agosto y septiembre, relativos a su fallido intento de expulsar a Iván Velásquez, jefe de la Cicig y de consumar el Pacto de Corruptos fueron torpezas descomunales. El rechazo de la población ante estas maniobras lo llevó a enfrentar la mayor movilización de rechazo que un presidente ha sufrido antes de llegar al segundo año de su mandato.
Sin embargo, lejos de hacerle reflexionar y adoptar medidas para bajar la efervescencia y así buscar mecanismos de equilibrio, lo que ha hecho excede cualquier límite de razonabilidad. Lamentablemente, esto no es solo por su falta de lucidez. La oposición articulada en contra de sus maniobras anodinas también bajó de nivel y esto no ha pasado inadvertido para la Juntita militar que le asesora y la camarilla de aduladores que tampoco tienen muy bien amueblado el cerebro.
Esa torpe actitud de autosuficiencia le ha llevado a concebir la posibilidad de arrasar con el control total del aparato estatal. Hasta ayer deliraba con tener un presupuesto enorme, sin candados y sin normas de transparencia y terminar de destruir la poca credibilidad que le queda al Congreso de la República, pegando la aprobación presupuestaria a la elección de una Junta Directiva que le sea afín y leal hasta la ignominia, como ya ha sucedido con el Pacto de Corruptos. Es decir, ganar más poder para seguirse corrompiendo y, de paso, seguirse embruteciendo con el poder.
No me extrañaría en absoluto, que en el paroxismo de la estulticia tratara de incidir desde el Ejecutivo en la próxima y crucial elección de Fiscal General, usando de la manera más abyecta toda la influencia de esa Juntita y, por supuesto, viéndolo como una oportunidad para seguir acumulando más poder… y más embrutecimiento. Y es que nadie puede afirmar que el presidente y sus adláteres puedan hacer uso del poder para asuntos sensatos. ¡Vamos! Ni siquiera para emitir declaraciones coherentes acerca de los temas que les involucran.
Así es como hemos tenido que digerir los discursos vacíos e insustanciales del excomediante (¿o todavía sigue siéndolo?) al referirse a temas serios y ver que las palabras brotan tempestuosas de su boca, pero por más que uno busque, es imposible encontrar un gramo de coherencia.
Y tal como se afirma en la administración pública, los subalternos suelen repetir los patrones de conducta de sus jefes. Por ello no extraña que en el caso de Arzú, la mayoría de funcionarios traten a los empleados municipales con muestras auténticas de despotismo. Ahora, en el caso de Jimmy Morales, sus funcionarios parecen seguir también el patrón de la estupidez como método de administración.
¿O qué otro calificativo le merece a usted, cuando el vocero Heinz Heimann sale a poner la cara y asegurar, con total desfachatez, que hablar del Pacto de Corruptos es una calumnia, cuando todo el mundo se dio cuenta de la burda maniobra que el presidente pretendió urdir mediante el uso abusivo y poco inteligente del poder?
Pero, claro, qué se puede esperar cuando el jefe del Ejecutivo se niega a reconocer, siquiera por asumir una actitud mesurada y política, que en realidad sí está obligado a ventilar las reuniones que sostiene con terceros. Parece, siempre dentro de ese marco limitado de juicio, que se ha creído el mito que el presidente manda en el Gobierno y que puede pasarse las leyes por donde mejor le parezca.
Por supuesto, es comprensible que deba reunirse con diputados al Congreso de la República, lo cual en modo alguno significa intromisión de poderes. ¡A dónde iríamos a parar si el jefe del Ejecutivo no pudiera sostener intercambios con los representantes del Legislativo u otras fuerzas políticas! Sería impensable arribar a acuerdos nacionales, los cuales son indispensables para asegurar la gobernabilidad.
Sin embargo, argumentar que no está obligado a dar razón de los encuentros y las personas que recibe, y sobre todo cuando han trascendido pormenores de la reunión con una decena de diputados, es una muestra indigerible de su monumental torpeza. Ydígoras, Lucas y Berger deben sonreír de saber que hay alguien que les disputa el dudoso honor que cultivaron.
Debo subrayar que no acostumbro restregarle a los electores su decisión de llevar a un ser anodino a la Presidencia. Mi formación democrática me indica que la voluntad del pueblo se debe respetar, aunque no estemos de acuerdo con esta. Lo que no puedo dejar de preguntarme es: ¿cómo puede un pueblo que se autodenomina inteligente ser seducido y engañado por un tipo de inteligencia infinitamente pueril?
Mucho me temo que es necesario complementar la gastadísima frase de lord Acton, para darle más certeza aún: “Hay casos en los que el poder embrutece absolutamente”. ¿Conoce usted alguno?