viernes, 22 de septiembre de 2017

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE JIMMY MORALES


Por: Edgar Rosales

Al momento de publicarse esta columna es posible que Jimmy Morales aún sea presidente de la República. Las condiciones, empero, no son aquellas que lo rodeaban cuando ganó la presidencia; acto que selló el plan finamente elaborado entre La Embajada y las élites oligárquicas. Y en lugar del entusiasmo del pasado 14 de enero de 2016, sus circunstancias actuales se parecen más a los últimos días de Pérez Molina.

Su paso por la presidencia cabe en una breve radiografía: rodearse de chafarotes de la peor estirpe, incapacidad de entender que, aún sin credenciales políticas, fue elegido para una misión profunda y delicada: restaurar (no refundar) un Estado hecho pedazos. Lejos de ello formó un gabinete anodino, sin ideas para ejecutar la mínima inversión estratégica y, lo que nunca le perdonarán sus electores, tirar la bandera anticorrupción con la que engañó en 2015 y su torpe enfrentamiento con el comisionado Iván Velásquez.

Esto último desencadenó la peor de sus crisis. El joven no fue capaz de asimilar las consecuencias de declarar no grato al comisionado Velásquez y, según mis fuentes, antes de viajar a la Asamblea General de la ONU activó el artículo 12 del acuerdo de creación de Cicig, relativo a controversias. Para más inri, en su discurso pronunciado el martes 19 desveló la intención de promover la revisión del convenio “... para su correcta aplicación, para garantizar el debido proceso, la presunción de inocencia y para evitar la persecución selectiva, la politización de la justicia y la judicialización de la política". Es decir, con total descaro se asumió vocero de la extrema derecha y las mafias locales. Morales anhela una Cicig light, sin garras, sin dientes ni arrestos, y sometida dócilmente ante tales poderes.

Sin embargo, esto pone entre la espada y la pared al organismo mundial, porque al ser un ente integrado por Estados no puede desatender el pedido del jefe de uno de estos. Cicig no es un organismo de ONU (como PNUD o Acnudh) y Velásquez "solo” es un empleado de la entidad mundial. De manera que, querramos o no –y por más que se deteste a tipos de la calaña de Méndez Ruiz– habrá que seguir la lucha contra la impunidad aun sin Velásquez.

Lo que no parece haber calculado el mandatario (para variar) son las reacciones populares desatadas en gran medida por culpa suya. Si bien la torpe acción de la mayoría de congresistas al procurarse impunidad por medio de un decreto repugnante fue la válvula de escape, sus verdaderas causas subyacen en situaciones que trascienden el palacio legislativo. Es el estancamiento económico lo que motiva a la clase media urbana a ejercer activismo desde las redes sociales y unirse a los que volvieron a la Plaza. También es resultado de la insatisfacción y pobreza de las poblaciones rural y urbana. Son las carreteras en pésimo estado, es la falta de acceso a medicinas en los hospitales y el panorama educativo en  franco retroceso. Para colmo, sin programas sociales que alienten esperanzas de desarrollo humano para los necesitados.


    LAS CAUSAS PROFUNDAS. La marcha del 20 de Septiembre no es motivada sólo por el odio a los diputados. Para miles de personas, fue un desfogue ante la pesadilla que viven día a día a causa del abandono en que los tiene el Estado.

Como decía al inicio, es posible que a estas alturas Jimmy Morales aún sea el presidente de Guatemala, pero quizá sean sus últimos días como tal. Hasta La Embajada le ha zafado la alfombra. La renuncia de los ministros de Trabajo, Gobernación y Finanzas Públicas es un mensaje con ese signo y no sería extraña la salida del intendente de la SAT.

    PELIGROSO MANIPULADOR. La sombra del empresario Dionisio Gutiérrez vuelve a aparecer detrás de la crisis, para lo cual ha empezado a menear piezas afines. 

A final, la caída de Morales desactiva un poco la crisis pero no resuelve mayor cosa, porque las perspectivas no son claras. El país no puede darse el lujo de otro gobierno de transición conservadora al estilo de Maldonado Aguirre, y por ello es que Dionisio Gutiérrez (descarado financista del comediante en la contienda del 2015) propone resucitar instrumentos obsoletos como la Instancia Nacional de Consenso o el Foro Guatemala, con la aquiescencia de las Nineth, los Quique Godoy, los de León Duque o las Aceña, quienes respaldan ese juego y, pese a ser parte del desmadre, esperan que los zahumerios les sirvan para presentarse ante la ciudadanía como los Jimmys 2017. Ojalá y las protestas de septiembre, tal como ocurrió hace dos años, no sean finalmente solo  un esfuerzo popular que resulte beneficiando a figuras de semejante calado.


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